El viaje de regreso transcurrió casi sin novedades. El auto se comportó normalmente en cuanto a la temperatura por lo que de regreso. Tras una exhaustiva revisión, llegamos a la conclusión de que el primer problema fue la formación de burbujas de vapor producto de la exigencia con la velocidad y el aire acondicionado en el desierto, sumado a la altura. Posteriormente al no haber purgado el circuito en la reposición de agua empeoró más las cosas.

Llegando a Rosario los amortiguadores traseros perdieron totalmente su carga. Ya venían flojos desde la salida de Chile, y luego de pasar un puente en la autopista nos llevamos un buen susto cuando el auto comenzó a "navegar" varios metros como un bote en una tormenta. Los últimos 130 kilómetros fueron interminables a menos de 90 km/h detrás de camiones y micros.

Ahora en San Pedro ya me pude instalar un negocio redondo
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